Reconociendo el origen

Tal vez porque me acerco a los años sin cuenta, en los que ya no habrá cuenta atrás, algunas cuestiones se me aclaran. El papel del goce, del juego y de que estamos juntos en esto, además de aclararse, también reclaman su lugar. En especial cuando huelen en el horizonte, que está más cerca el fin de los días. Porque cada día es uno menos y porque estoy cada vez más cerca de mi muerte, el recorrido de mi vida adquiere un renovado sentido. ¡Bienvenida esa perspectiva y sus frutos! 

Entre sueños que deseo construir para mi vejez y un olor a nostalgia que vengo sintiendo, con rememoranzas de mi infancia que llegan, sin pedir permiso, como una marea a la orilla de mi conciencia, del mismo modo como me llegan las oleadas de calor menopáusico a la cabeza; así fue como esta foto llegó a mí, volviendo a conectarme a esa niña que soy. Esa niña que, en ese tiempo que retrató mi mamá en esa foto, descubrió la magia de la lectura.

Por años pensé que leer me aislaba. Incluso pensé que podría haber sido un modo de hacerlo. Sin embargo hoy, puedo darme cuenta que es al revés. Leer me conecta. Me conecta con todos quienes hacen posible que ese momento que atesoro con pasión ocurra: la persona que escribió, la que editó, la que publicó, la que distribuyó, la que me vendió el libro o la que decidió que formara parte de esa biblioteca pública que frecuento, y así un largo etcétera.  Lo más importante de todo es que me conecta con una parte de mí extremadamente gozosa. Una parte que quiero celebrar, no por ego, sino por juego. Esta es la parte que quiero compartir con el mismo espíritu lúdico con el que juntaba láminas bonitas de un álbum que luego quedaba olvidado una vez que lo completaba, con el mismo goce de completar una sopa de letra o pintar un libro para colorear. Con ese espíritu vengo hoy día y pretendo seguir viniendo. Lo demás, para los demás. Me parece que en nuestras vidas ya hay presión de sobra, redes sociales de sobra, transacciones comerciales de sobra, etc. ¡Jugar nunca está de más! Si es asunto serio para la infancia, me parece que lo es más aún para la menopausia.

Veo algo bellamente inútil y desinteresado, desde cierta perspectiva, en la actitud con la que uno hace esas actividades -llenar un álbum, hacer una sopa de letras, colorear. Eso me atrae y me gustaría plasmar aquí, para regalarme y para regalarnos  (que es una y la misma cosa vengo descubriendo alegremente) partes de algunos de los libros que me encuentran. Porque créeme cuando te digo que no es que yo los encuentre, a los libros, sino que son ellos los que me encuentran a mí. Y yo, la que me dejo encontrar.

Ahora bien, no fue solo esta foto la que me invitó a crear y creer en este rinconcito conjunto. Fue también una carcajada que rompió, espontánea y liberadora, entre una amiga y yo cuando nos preguntamos, atrevidas y curiosas, ¿qué pasaría si ella llevara a la niñita asustada y talentosa que late dentro suyo, al lugar seguro que su mente descubría cómo construir? ¡Imagínate! ¡Imagínate que dejáramos de estar asustadas, de sentirnos insuficientes, incompetentes o la fórmula que sea que usemos para restringirnos; y nos asomáramos, valientes, a darle al mundo y a nosotras mismas el regalo de quienes somos! ¡Imagínate!

La transparencia de esa risa me recordó el goce puro, sin culpa y sin prisa; que me trae leer. La certeza de esa risa me animó a aventurarme a abrir un espacio para compartir el goce con otros, en estos peculiares tiempos que atravesamos.

La tercera fuente de inspiración vino, cómo no, de un libro. De dos libros en realidad. Es como una larga cadena, en la que unos libros van invitando a otros y así tejen una red que me sostiene. Sucede que fue un libro el que me mostró que llevo años conversando con las plantas, sin saberlo. Las composiciones químicas de las plantas son su lenguaje vegetal y yo llevo años de la mano de la aromaterapia. Me río siempre diciendo que “sobrevivo” gracias a ella y que no la suelto. De hecho cada vez se la recomiendo a más y más personas. ¿Qué es eso, entonces, sino una larga conversación con las plantas? Es en sus aromas que vienen sus mensajes. No he dejado de escucharlas desde la primera vez que descubrí que podía rodearme no solo de su belleza visual, sino también de los aromas que ofrecen, que le hablan directo a la parte más primitiva de mi cerebro y de mi ser. Por la palabra, ahora y siempre! Venga en la forma que venga. Una renovada convicción y comprensión me dejó leer ese libro para seguir rodeándome de las palabras de las plantas, aunque mi mente no entienda nada, o precisamente por eso, como me sucede cuando canto mantras en otro idioma; del mismo modo que seguiré compartiendo el goce de cabra chica que lleva en su bolsón la belleza curiosa, crítica, agradecida, inocente y pura de la lectura.

Así fue como nació este lugar, que me da y nos da la bienvenida, de la mano de un recuerdo, de una risa compartida y de comprender que en esta vida (y esta muerte) que compartimos, estamos unidos todos, de modos misteriosos que podemos leer juntos.

¡Bienvenido(a)!

Pd. La fotografía me retrata en la época en que aprendí a leer. La tomó mi mamá en la casa en que vivíamos en La Reina, Santiago, Chile, Sudamérica, planeta Tierra, por allá por el siglo XX.

6 thoughts on “Reconociendo el origen

  1. Gracias Profesora! 🌷🌺🌷🌺Por esta maravillosa lectura y de sus recuerdos cuando era niña. También me hizo recordar esa época de mis historias de cuando era niña…
    Me alegro mucho volver a leer sus textos que me inspiran y remueven lo más profundo del corazón.

    Cariñosamente,
    Alejandra

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  2. Querida Maca me encanta leerte y siempre sorprenderme de tu visión de las cosas, lugares, letras , emociones. gracias por compartirlo y animarnos a repensar tantas cosas que aveces pasan coladas por ahi.
    Gracias

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